El poder de la rutina

La rutina es una fuerza poderosa capaz de mover montañas. Nosotros somos la montaña, eso está claro, sobre todo los seres perezosos como yo.

Reconozco que tengo que obligarme a generar hábitos para que luego me salgan de forma natural, sin esfuerzo, y eso conlleva un proceso no demasiado largo. Os enseñaré el truquito:

Un día me di cuenta de que, cuando he de hacer algo que se me ha impuesto (esta obligatoriedad suelo percibirla en el desempeño de mi trabajo), siento la imperiosa necesidad de terminar porque, si no, no me quedo a gusto. Es más, me molesta tener que parar para hacer otra cosa sin haber finalizado primero debido a la sensación que me queda hasta que puedo volver a la tarea que yo misma catalogué como “obligación de la jornada”. Además, descubrí que realizo de forma más efectiva mi trabajo si en las tareas puedo añadir alguna rutina que me obligue a hacerlo siempre igual. De este modo, incluso en los peores días en los que más desconcentrada estoy, estas costumbres generadas me ayudan a reaccionar mecánicamente sin reparar siquiera en ello.

Poco a poco, me fui haciendo consciente de hasta qué punto esto me ayuda en mi día a día también. Por ejemplo, uno de los primeros hábitos relacionados que he adquirido ha sido lavarme los dientes justo antes de irme a dormir, y ya puedo estar medio muerta de sueño o tan cansada que no pueda casi ni arrastrarme hasta el baño, que os aseguro que sentiré la necesidad de hacerlo. Relacioné mentalmente el acto de acostarme con la obligación de pasar antes a lavarme los dientes, y ahora tengo que hacerlo sí o sí.

Al percatarme de que había tareas con las que no conseguía generar una rutina, quise aprovechar las que sí tenía generadas a ver si por aproximación lograba ese hábito también. Es decir, como no había manera de que me echara crema hidratante en la cara cada día y una va cumpliendo ya una edad, me dije “¿qué es lo que sí haces a diario?” y allá me fui. A diario sí me echo una crema desodorante, de tal forma que reorganicé el cajón desastre que tengo en el baño y saqué de allí la crema hidratante de lo menos 10 años (tal vez no sea efectiva por el paso del tiempo, pero tengo generado el hábito de no tirar los frascos hasta que están vacíos. Lo sé, soy carne de cañón para el síndrome de Diógenes) y la puse junto a la crema desodorante que guardo en la estantería. Quise garantizar que ya sólo por ir a por el desodorante, vería la crema hidratante al ladito, bien mona ella.

Anteriormente, procuraba hidratarme la piel después de ducharme, pero muchas veces se me olvidaba, de ahí que recurriera a reforzar el hábito de otro modo. Por desgracia, un día estuve a punto de echarme el desodorante en la cara (es la parte negativa de la rutina, no siempre te lleva por donde tú quieres) y desde entonces he dejado un poco de lado el objetivo de la crema hidratante. Sí es cierto que conseguí por el mismo sistema de aproximación echarme unos potingues en el pelo cuyos frascos no guardan tanta similitud con la crema hidratante y la desodorante. Aquí ya me relajé un poco sin ese miedo a echarme lo que no es y he generado esa nueva rutina.

En cuanto a mis arruguitas, logré al menos recurrir cada noche a una crema específica para el contorno de ojos justo después de usar el tónico facial, algo es algo. Anclé la idea de echarla junto a la idea de pasar el algodón con el tónico, ¡y ya estoy acabando el frasco! Ver que al fin estoy cumpliendo mis objetivos de terminar frascos que tenía empezados o guardados hace mucho tiempo me llena de autosatisfacción. Estoy muy orgullosa de mí misma.

Este es mi consejo, unid a las rutinas que tengáis establecidas la obligación de llevar a cabo otras que queráis conseguir. Si pensáis a menudo en ello -“tengo que echarme la cremita tras el tónico”- al final obtendréis esa sensación de que se os olvida algo y terminaréis haciéndolo para sentiros aliviad@s, ya veréis. A mí me funciona. (*)

(* Ningún estudio clínico avala la efectividad del método mencionado. De hecho, es posible que sea necesario padecer un trastorno obsesivo-compulsivo)

Deja un comentario