La era del servilismo

Quienes trabajamos de cara al público, hemos notado un cambio de era en los últimos años. Siempre se ha esperado cierto servilismo en quien te atiende en cualquier parte, pero lo de hoy en día clama al cielo. Ya no somos trabajadores de cara al público, somos criad@s que tenemos la obligación de hacer algo tan absurdo como leer por el cliente, puestos a poner un ejemplo sencillo.

Me temo que a algunos se les ha subido a la cabeza eso de que siempre tienen la razón. Menudo gilipollas el de la frasecita. Me gustaría verlo con los clientes egocéntricos, los que buscan el conflicto, los mentirosos, estafadores, maleducados, ladrones… En definitiva, con los clientes rompecojones.

¿Y quién se acuerda del pobre trabajador? ¿Por qué no hay una frase del estilo de “el trabajador siempre tiene derecho a ser respetado” que pegue tanto como la otra, que encima no es cierta?

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No, gracias

Llegada a cierta edad, por desgracia, una mujer tiene que dar explicaciones de por qué no quiere tener hijos. Veo lógica la curiosidad, pero con un sí o no por respuesta debería bastar. A mí no me da por preguntar a quienes sí quieren el porqué. Y menos aún les haría esa pregunta con asombro, dando a entender inconscientemente que opino que su postura está equivocada. Me temo que no hay una posición correcta. Quien quiera que sea padre/madre, y quien no, que se abstenga. Y alguno/a que quiere debería abstenerse también. No todo el mundo está capacitado para manejar esa responsabilidad.

No me imagino esa misma presión en el caso de los hombres. Es decir, tengo la impresión de que quien pregunta, ante una respuesta negativa de un varón, dará por supuesto que es porque prefiere ser un espíritu libre, sin ataduras, un fornicador nato que tal vez esté hoy aquí (con esta) y mañana allí (con otra). Puede extrañar más o menos, aunque nadie le echará en cara esa negativa.

Las mujeres, en cambio, parece ser que venimos de serie con un reloj biológico que nos incita a querer ser madres sí o sí, y es entonces cuando tienes que explicar qué coño le pasa a tu reloj, si está defectuoso o lo has manipulado tú de algún modo.

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DEMOCRACIA PUTA, QUE NO PUTA DEMOCRACIA

En primer lugar, perdón por el desorden mental, llevaba mucho tiempo sin aparecer por aquí. Voy a ver si pongo todo en orden y consigo sonar coherente, que cuando una deja de expresarse por escrito durante un tiempo parece que le cuesta más arrancar.

Hay que ver cómo pasa el tiempo. A lo tonto nos plantamos en diciembre. El final de un año siempre es un momento de reflexión, y con las jornadas electorales a la vuelta de la esquina más aún si cabe. A mí, por lo menos, me da mucho que pensar.

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El poder de la rutina

La rutina es una fuerza poderosa capaz de mover montañas. Nosotros somos la montaña, eso está claro, sobre todo los seres perezosos como yo.

Reconozco que tengo que obligarme a generar hábitos para que luego me salgan de forma natural, sin esfuerzo, y eso conlleva un proceso no demasiado largo. Os enseñaré el truquito:

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El boicot de los abuelos

La noche de la hoguera de San Juan descubrí que los abuelos que tienen la obligación de hacerse cargo de sus nietos se traen entre manos una sibilina y maligna conspiración.

Me percaté tras ver en la playa a una señora que estaba saltando un pequeño fuego bajo la atenta mirada de su nieto -de aproximadamente unos 4 ó 5 años de edad-, auspiciada por el consentimiento implícito de su silencioso marido, quien sonreía divertido ante tamaña ocurrencia.

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A las niñas de 13 años

Concretamente le dedico esta entrada a las que vais medio desnudas por la calle sin ser conscientes de la repercusión de vuestros actos. ¿Habéis oído eso de que el aleteo de una mariposa provoca un huracán en otra parte del mundo? Pues ya hace años que las mujeres estamos metidas en un huracán por vuestra culpa -ahora sois vosotras las de 13 años, antes fueron otras-. Y sé que a mí no me haréis caso, así que recurriré a Mario, a ver si a él sí le escucháis:

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El enfado clitoriano

Conozco a alguien, no voy a decir quién, que una buena mañana soñó que estaba cenando en un restaurante. Por allí se encontraban también, entre otras personas, sus amigas, un jovencito de buen ver y los fantasmas de Franco y señora. La cuestión es que el sueño fue degenerando un poco, como si no estuviese ya bastante degenerado de por sí, y ella acabó fuera del restaurante mostrándole al espíritu de Carmen Polo cómo visten las mujeres de hoy en día. Entonces se dio cuenta de que sus amigas se alejaban calle arriba rumbo a la diversión. No le molestó el hecho de que se marcharan, puesto que contaba con que ellas se irían de juerga, plan al que había decidido no unirse; lo que le molestó fue que habían dejado sus pertenencias, bolso incluido, sin supervisión alguna, y todo por no esperar su regreso al interior del local. Las jodías al menos podían haber salido a avisar de que estaban prestas a irse.

Dado que la pobre mujer está harta de que le roben en sueños, se fue hasta su bolso con no muy buen genio. En otro sueño reciente le habían robado el dinero que escondía entre el equipaje durante un viaje de reencuentro organizado junto a compañeros de instituto, y en ocasiones anteriores le habían sustraído varios móviles, todo lo cual todavía le carcome por dentro sueño tras sueño ante la inminencia de volver a sufrir semejante infortunio (cuando te vas a morir no sé qué verás, pero cuando te van a robar en sueños, ves un flashback de los robos anteriores). Afortunadamente, esa vez no se repitió la historia, y, a pesar de que no le dio tiempo a comprobarlo más que por encima, intuyó que no le faltaba nada, aunque se despertó con el cabreo que la actitud indolente de sus amigas le había generado.

Ahora viene lo bueno: según se despertó, tuvo un orgasmo. Parece ilógico, ¿verdad? Pues tiene su explicación.

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El universo perdido de la imaginación

Lo ves en las noticias y lo ves en el trato con la gente: nos estamos volviendo muy cómodos. Demasiado cómodos. Tanto que, por no buscar soluciones, nos da igual que los políticos y demás morralla de las cúpulas de poder se rían en nuestra cara, nos da igual que nos estafen en el día a día, nos da igual que se aprovechen de nosotros a cualquier nivel o escala. Es más fácil aceptarlo que protestar.

¿Por qué extrañarnos entonces de que se pierdan lectores? ¿Por qué asombrarse de la falta de imaginación de muchas personas? Simplemente hay que esperar a que estrenen la película para saber de qué va la historia, ¿no? Si nos la dan mascada, ¿qué sentido tiene ejercitar la imaginación leyéndola?

Yo os explicaré ahora el motivo por el que se deberían mantener algunas buenas costumbres aunque supongan un esfuerzo por nuestra parte.

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