¿Por qué “El Punto Giu”?

Mucha gente no acaba de comprender que haya decidido publicar bajo seudónimo en vez de fardar a los cuatro vientos sobre que tengo un libro en el mercado. Para empezar, hoy en día publicar está sobrevalorado por los que no se dedican a escribir y no conocen, pues, todas la opciones de quienes sí hemos probado suerte. Lo difícil es que otros te publiquen, sin más, pero llegar al mercado no es tan complicado, de modo que tampoco hay tantos motivos para fardar.

Ese es el punto número uno. El punto número dos se remonta más atrás en la historia.

Todo comenzó una calurosa noche de verano allá por el año 2005, creo. Si no recuerdo mal, se trató de la celebración de mi vigésimo-sexto cumpleaños. Sidras, chupitos, más chupitos, y puede que alguna que otra copa cayera también. Así fue que, al día siguiente, una pareja (literalmente hablando) de amigos empezó a llamarme Giu, que no es que se parezca demasiado a mi verdadero nombre. No conozco la anécdota en profundidad puesto que los propios interesados que me bautizaron dudo mucho que lo recuerden de forma exacta. Lo único que sé, es que decidieron regresar caminando a casa para que se les pasase el efecto de la melopea, y en algún momento en que uno de ellos quiso referirse a mí, soltó el consabido “Giu”. Me imagino la situación:

– Giuuu… -hipo- …es una cabrona… -hipo- …que ma ‘mborrachao -hiperucto.

– ¿Giu? ¿Quién es Giu?

Seguro que fue él quien se equivocó. Ella no iba tan perjudicada.

He ahí el porqué de “Giu”.

Ahora pasemos al punto número tres: hace años, tenía un sueño bastante recurrente en el que yo paseaba desnuda por la calle. Era algo perfectamente normal y natural, pero me daba cuenta al cabo de un rato de que yo era la única que lo hacía. A pesar de que sabía que no me llamarían la atención, me sentía avergonzada y estúpida por haber salido de casa sin nada de ropa y lo único que deseaba entonces era que nadie me viera.

Aunque no lo parezca, viene a cuento.

Por algún motivo, la literatura erótica no genera la misma visión del autor que el resto de literatura. Si escribiese sobre un personaje que mata dragones, nadie pensaría “esta tía debe de matar dragones de puta madre”. En cambio, cuando escribes literatura erótica, siempre queda la duda en tu lector de si lo que cuentas es real o no. Te encuentras con que te miran diferente, concretamente los hombres. Pobres ilusos.

Por eso, en cuanto terminé mi primera novela erótica y decidí probar suerte con ella en vista de que aún tardaría siglos en terminar mi primera novela de ciencia ficción y/o fantasía, tuve claro que necesitaría un seudónimo. Por desgracia, Giu me parecía demasiado corto y soso. De repente tuve una revelación: El Punto Giu. Deja claro a la perfección mi estilo: picante pero con humor.

Y así resulta que podré salir tranquilamente a la calle sabiendo que nadie se me quedará mirando como si estuviese desnuda.

Deja un comentario