Será nuestra última juerga en Ibiza. Qué pena. Y yo hecha un trapo. Una esponja, más bien. No entiendo cómo es posible que aún no haya caído en un coma inducido por el alcohol ingerido a lo largo de estos seis días.

Ufff, me da vueltas todo. Debería haberle hecho caso a Claudia: tendría que haberme arreglado antes de beber. Nada más alisarme el pelo me liaron a copas, y yo que no sé decir que no… Espero no salir del apartamento maquillada como una actriz porno venida a menos. Mejor paso por chapa y pintura ahora que tengo algo de consciencia.

– Voy a prepararme ya. Vengo enseguida.

Ni se han enterado. El juego de “verdad o atrevimiento” se está poniendo calentito. Menos mal que yo siempre escojo verdad. No haría eso ni de coña.

¡Madre mía! ¡No soy capaz de andar en línea recta! Y encima acabo de comerme el marco de la puerta. Estoy por pedirle perdón y todo. No sé de qué me río. Tampoco ha tenido tanta gracia. Mejor no bebo más.

Esta noche promete. Y eso que, cuando preparé mentalmente la agenda de tanto desmadre seguido, escogí la noche de ayer en concreto como “día grande”. Incluso tenía ropa de estreno para la ocasión. Lástima que no me atreviese a lucir el modelito. ¿Por qué no hoy? ¡Vaya! Creí que ya lo había descartado por completo, pero aquí estoy ahora, dándole vueltas a si darle una última oportunidad al body guarro y al vestido de putuca que dejé de lado anoche. Siendo realista, o les saco partido aquí o se quedarán acumulando polvo en el armario, porque, vamos, si no me atrevo en Ibiza que no me conoce nadie… ¡Si hasta hice topless por primera vez en mi vida! Cuando se lo cuente a María no me va a creer. Me habría sacado fotos con tal de poder demostrárselo, pero no era plan. Bueno, porque no estaba borracha, que si no…

Venga, va. Me lo pongo y les pregunto a las chicas, a ver qué opinan. ¡Fuera ropa! Primero una meadita rápida, que al levantarme he notado la vejiga a punto de rebosar.

Mmmmmm estas toallitas de higiene íntima son la hostia. Es como comerte un chicle de menta con el mismísimo. ¡Y estamos tan a gustitooooo! Estoy muy mal de lo mío.

¡Ale! Ya estoy en pelotilla. Primero el body. Obvio. ¿Qué me voy a poner primero si no? Qué tonterías digo a veces. ¿Por qué lo llamarán body? No es más que la tira del tanga llevada hasta el infinito y más allá. O sea, hasta el sujetador. Sujetador, por llamarlo de alguna manera. ¿Realzará algo los pechos aun sin contenerlos? A ver si me apaño, que estoy acostumbrada a abrochármelo por delante y colocarlo después, y en este caso no me queda otra que abrocharlo a la espalda. ¡Lista! ¡Tetas fuera! Qué sensación más rara. Voy a verme en el espejo. ¡Joder! Me estoy poniendo cachonda. No sé si ir a por otra toallita… ¿Se me marcarán los pezones cuando me ponga el vestido? En casa hice la prueba, pero no estaba caliente como una perra. Veamos…

El color negro con este pequeño estampado los disimula más que de sobra. Tendrían que fijarse para darse cuenta. Vamos, que se enterarán todos los hombres de la discoteca de si tengo frío o no. Por lo demás, el body no se marca casi nada. Y eso que el vestido no deja mucho a la imaginación. Sólo se nota un poquito de ná la tira del suje por detrás. ¡Ay, madre! ¿Pensarán que voy sin ropa interior?

– ¡Uau! ¡Estás cañón! ¡Chicas, venid a verla! -Vaya por dios. Clara me ha pillado in fraganti.

He pasado el visto bueno de todas y cada una de ellas, luego ya no hay marcha atrás. Si me cambiase, me darían la turra hasta que volviese al modo guarrilla. Pues nada, a maquillarse.

– ¿Algún alma caritativa se ofrece a maquillarme? -Pon carita de niña buena-. Voy un poco pedo.

– ¡Como todas! -Qué aguda, Clara.

– Te maquillo yo -Gracias, Marián.

– Gracias, Marián -Primero lo pienso, luego lo digo; a veces incluso por partida doble (lo pienso dos veces y lo digo dos veces). Cosas de estar borracha, me vuelvo muy cansina.

No sé si fiarme mucho de su pulso, pero bueno. Mejor el suyo que el mío; eso seguro. ¿Por qué me retoca Claudia la sombra de ojos? ¿No se están pasando con tanto negro? ¡La leche! ¿Esa soy yo? ¡Madre del amor hermoso! Si esta noche no ligo con nadie interesante me acostaré conmigo misma.

Ya estamos en la discoteca. Creo que mañana voy a tener lagunas. Dudo mucho que recuerde el trayecto hasta aquí, mismamente.

Se pasan de descarados. ¡Mirada al suelo! Que no haya contacto visual.

Me encanta la música. ¡Enriqueeee! ¡That tonight I’m fucking you! ¡Ooooo! You know. Nanana situation… nanana every nation… nanananananana you do…¡Redios! Tengo que mejorar mi inglés.

– ¿Pedimos unos chupitos? -¡Ole tus cojones! ¡Cómo me vengo arriba yo sola!

¡Genial! Las he liado para que cada una de nosotras pague una ronda de chupitos de tequila. No sé qué coño dicen, pero por mí vale.

– La primera ronda la pago yo -Muy bien hecho. En breve estaré que no sabré ni cómo me llamo, así que mejor me lo quito de en medio cuanto antes. Qué raro que me ofreciera antes de ver que era buena idea… ¡Contrólate, niña! ¡A saber a qué más te ofreces por ahí sin pensar!

– Te acompaño a pedir. A ver si te atiende el camarero que está bueno -¿Qué dices, Marián? ¿El que está bueno? ¡Pero si todos están buenos!-. ¡Espera! ¡Que viene una chica!

Pues sí que una camarera se dirige hacia aquí. Qué maja y eficiente ella. Pero nosotras queremos al buenorro. ¿Quién será? ¡A disimular! ¿Se habrá notado mucho que nos hemos dado la vuelta para evitarla?

– Disimulaaaaaaaa -Ya está con su tono ronco sobreactuado. ¡Ay, que me meo! Menudo ataque de risa.

Es Marián la que está más o menos bien posicionada para controlar discretamente cuándo podemos acercarnos de nuevo a la barra, conque se quedará pegada a mi oído diciéndome chorradas hasta entonces, ya verás. Ayyyyy que me voy a mear de verdad si no para de hacerme reír.

– ¡Ahora! ¡Pídele a él!

¡Dios! ¡Qué bestia! Me ha metido tal meneo que mejor me recoloco la parte de arriba de la ropa. Mis pechos se bambolean más de la cuenta y sólo me faltaba que se me baje el vestido. ¡Mierda! ¡El camarero me ha pillado de lleno! No me vería nada, ¿no?

Vale, están todos buenos, pero lo suyo es demasiado. Veamos: treinta y algo; entre 1,80 y tres metros de altura; pelo rubio oscuro ondulado con gracia y un poquito largo; ojos claros, no sé si azules, verdes o color miel, o igual son castaños, qué se yo; labios golosos; barbita cuidada de unos días; espalda ancha; cuerpo de gimnasio aunque sin pasarse; y el resto… el resto prefiero no imaginármelo. Mmmmmm…

Me gusta su estilo, esa camisa negra con un par de botones abiertos. Puedo ver que no es de los que se depilan el pecho. Ni falta que le hace. De hecho, ganas me están dando de meter ahí la mano y tirar traviesamente de esos pelitos. Los pantalones también son negros, y… ¿me está mirando? ¡Mierda! ¡Que conste que no te estaba mirando el paquete! Si acaso, la bragueta del pantalón.

Me arden las mejillas. Espero que no se note. Está apoyando los dos brazos en la barra. Mmmm que músculos. Me estoy volviendo una fetichista de los brazos masculinos bien definidos. ¡Mírale a los ojos ya, que pareces tonta! ¡Joer, qué careto! Está muy serio. ¿Qué le pasa?

– ¿Vas a pedir o no? -¡Huy! ¿Y ese tono de “estoy hasta los cojones”? ¡Será imbécil!

– A ti no, que eres muy borde. ¿Puedes avisar a otro compañero que no esté ocupado?

¡Ajá! ¡Sabía que tengo doble personalidad! Él está flipando, pero al menos parece que le ha hecho gracia.

– ¿En qué puedo servirla, señorita? -Vaya. Ahora su tono es de lo más dulce. Y me está mirando con una sonrisita pícara. Pues lo mismo él también tiene doble personalidad.

– Quiero tres chupitos de tequila, con la sal, el limón y toda la parafernalia, por favor.

Y rapidito.

¿De qué están hablando estas de al lado? No oigo nada. Tampoco debería ponerme a escucharlo, pero parece interesante.

Ahí regresa con los tres vasos, el limón y el salero. Espera… ¿me conté a mí? Un, dos, tres… y cuatro. Mierda.

– Perdona, somos cuatro, no tres.

– A ver si aprendes a contar.

¿Qué? ¿Será posible lo que me ha dicho el muy capullo? Este tío me hace hervir la sangre. Se me debe de estar evaporando el alcohol por momentos. Necesito urgentemente el chupito para recuperar el buen humor. ¿Has terminado ya? Pues ahí tienes el billete, antipático. ¡Ay! ¡Me has dado una descarga al tocarme! ¿Tú también la has sentido? ¡Pues jódete!

– A ver si te libras de esa mala energía antes de tocar a la gente. -Donde las dan, las toman.

Menuda mirada de hielo… Con este hombre paso del calor al frío en menos que canta un gallo.

Ahí regresa con el cambio. Supongo que lo ha dejado sobre la barra para no tener que tocarme. Y ahora se larga sin más. Viva la educación.

– Gracias, salao. -A ver si el aire me responde.

¡Oh dios mío! ¡Está saliendo de la barra y se dirige hacia aquí con cara de pocos amigos! No irá a pegarme, ¿no?

– ¿Y dónde quieres que la descargue, exactamente? -¿Descargar? Recuerdo vagamente haber dicho algo de descargar. Pero, ¿descargar qué? ¿Cómo? ¿Cuándo? ¿Seguro que lo dije yo? ¡Ay, sí! ¡La mala energía!

No me lo puedo creer. Ha puesto un dedo en mi vestido, encima del canalillo… ¡Y bajando! Ahora tiene una media sonrisa de cabrón arrogante en la cara. ¿Qué hago?

– Descárgala en otra parte.

¡Eso! Es… es una mierda de contestación, pero es algo.

¡La madre del cordero! ¿Adónde me lleva? ¡No puedo soltarme de su mano!

– ¿Te has vuelto loco?

Ná, no contestes, ¿pa qué?

¿Qué es esto? ¿“Privado” y cerrado con llave? ¿Me va a meter en un almacén? ¡OH… MY… GOD! ¿Desde cuándo pienso en inglés? Ya que no me salió en arameo. ¡Es un picadero con cama y todo! Las discotecas de Ibiza no escatiman en detalles. ¿Iría en los planos de construcción? Ha echado el pestillo. Al menos no nos pillará nadie. ¿Al menos? O sea, ¿que esto es bueno? Tiene que serlo, ¿no? Con lo bueno que está… Nueva máxima: si está bueno, es bueno.

¡Joder! ¿Cuándo me ha tirado boca abajo en la cama? Si estábamos de pie en la puerta…

¡Está encima! Tengo los pelos de punta. Pues nada. Relájate y disfruta.

Me está abriendo las piernas con las rodillas. ¡Qué brusco! Me encanta. ¡Para, coño, que no soy gimnasta! Esto es lo más que abro. Ya tengo el culo en pompa, ¿qué más quieres? ¡Ah! Retirar la tira del tanga, claro.

A dios gracias que te oigo ponerte el condón. Si no, te ibas a enterar.

¿Y ahora qué? ¿Vas a meterla sin más? ¡Aaahh! Bueno, vale, no pasa nada. Por mi perfecto. Sigue. Ufff, estoy mojadísima. No te la he visto, pero… hijo mío… hay que ver cómo me llenas. Así, así, que no soy de cristal. Dale sin miedo. Uff me estás rozando de lleno el punto G. Tú tranquilo, que del clítoris ya me encargo yo. Desde aquí llego bien. ¿Qué? ¡No me quites la mano, so egoísta! Ah vale, que quieres hacerlo tú. Perfecto. Madre mía. ¡Madre mía! ¡MADRE MÍA!

/BRAIN OFF/

¿Estaba soñando? ¡Ah, no! Esta vez ha sido un polvo de verdad. Ufff. ¡Qué a gusto me he quedao!

– Tengo que volver al trabajo.

¿Ahora me metes prisa? Ni un besito me has dado, cabronazo.

– Todavía no has visto lo que llevo bajo el vestido.

Míralo bien; ahí lo tienes. Otra vez dura, ¿eh? Ya decía yo…

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