¿Qué fue de los libros?

Una amiga que está escribiendo un artículo dedicado al día del libro, me ha preguntado mi opinión sobre la literatura y su panorama. Aquí la tenéis:

Hoy en día, el trozo más grande del pastel dentro de la industria dedicada al ocio, se lo llevan las productoras de cine. Nada mueve más millones que una película, y ni siquiera tienes que ir al cine mientras está en cartelera, con que la repongan en la televisión 10 años después para que tú la veas, ya está sacando tajada en derechos de exhibición. Esto implica que los mayores esfuerzos del marketing (que es el genio de la lámpara que nos genera/concede deseos), se dirijan también a la rama del cine, y por eso ahora alguien que se dedica a dirigir películas, ocupa el puesto que antiguamente se le daba a los autores literarios entre la flor y nata del artisteo. Parece ser que es mejor saber representar una historia que contarla.

Los más alarmistas dirán que los libros van a desaparecer alegando que ya nadie lee, igual que antes decían que los cines iban a desaparecer. Nada más lejos de la realidad. Pero es verdad que cada vez hay menos lectores dado que no se promueve ni valora la literatura como antaño, aparte de que leyendo cada uno a su ritmo no puedes soltar un comentario sobre lo que acaba de suceder para sentirte parte de algo (¿y qué nos gusta más que eso?), y, sobre todo, porque nos estamos volviendo unos putos vagos que lo queremos todo mascado y hasta digerido. Si ya han hecho la película, ¿para qué leer el libro? Y si no es lo suficientemente bueno como para que hagan una película sobre él, apaga y vámonos.

Por suerte, sigue habiendo una minoría rebelde, y siempre la habrá, que valora más las palabras escritas que una versión en imágenes gracias a que así evocamos la historia en nuestra imaginación tal y como creemos que debería ser, y también porque sabemos que es un ejercicio muy bueno para la mente y para la libertad personal ser cocreador de algo en lugar de un mero espectador. Leer nos potencia.

Además, del mismo modo que podemos medir la profesionalidad de un director y de unos actores en función de si logran involucrarnos en la trama y despertarnos los sentimientos adecuados, al comprobar que un escritor es capaz de que te enganches al leerlo, compensa todo ese tiempo que has invertido con su libro sencillamente porque un escritor tan solo usa palabras. Ellas son su única arma. Ni decorados, ni música, ni efectos especiales, ni maquillaje, ni leches. Y quien no valore ese mérito, o no tiene ni idea de lo que es el arte, o no ha leído al autor idóneo.

Quizás yo admire a ambos por igual, y aun así tengo claro que los autores son artistas, y los directores ilusionistas. Aunque luego resulte que los idolatrados en la actualidad no son ni los unos ni los otros, sino los actores… Así de simples somos: idolatramos lo que más dinero y fama da.

Sin embargo, a pesar de que son los hermanos pobres tras las bambalinas, los escritores no dejan de ser quienes nutren directa o indirectamente al hermano rico con su imaginación, y ya solo por eso, la literatura nunca morirá. Quizás permanezca a la sombra de la industria cinematográfica por siempre jamás, pero, precisamente al igual que sucede dentro de las salas de cine, ¿acaso no son mejores la oscuridad y el silencio para disfrutar realmente de una buena historia?

Deja un comentario